bilbaoblogs.com
  Editar mi Blog Blogs Contacta Home   
    Categorias:    Todas  | Blog  | Yerba  | Cáñamo  | Hika  Últimos Comentarios     artículos     RSS / XML  
Blog de martinbarriuso
¿Plan de rescate o de secuestro?
2010-11-24 11:05:03.1     Comentarios [1]     Permalink     Añadir Comentario
 

Le llaman plan de rescate, pero lo que la UE va a hacer en Irlanda debería llamarse "Plan de Secuestro del País y su Soberanía". Las llamadas "ayudas" son créditos caros a tres años, cuyo dinero irá destinado a salvar a los bancos que provocaron la crisis, algo que ya ni sorprende. Y para asegurarse de que el país pague esa deuda, se van a imponer a sus instituciones democráticas una serie de medidas draconianas en materia económica, de forma que su población se empobrezca lo suficiente como para que el negocio de los tiburones financieros siga en marcha. Pobres irlandeses, que deben dejar que les roben para pagar el rescate a los que ya les robaron. Y pobre mundo este donde los grandes delincuentes financieros moldean el lenguaje a su antojo para que los medios de comunicación de su propiedad se rían en nuestra cara, mientras los gobernantes reconocen que no gobiernan y del pueblo ya nadie sabe nada. La Revolución Francesa ya nos queda por delante. Cualquier día de estos habrá que empezar a pedir el fin de la servidumbre de la gleba.   


PD: Recomiendo este enlace para ver un magnífico estudio sobre la propiedad de los medios de comunicación en el estado español:
http://esmola.wordpress.com/2010/11/18/los-duenos-de-la-informacion/


2010-11-24 11:05:03.1     Comentarios [1]     Permalink     Añadir Comentario
 

 
Lo cannábico no es alternativo.
2010-10-04 09:24:39.032     Comentarios [1]     Permalink     Añadir Comentario
 

             Lo cannábico no es alternativo.

                Publicado en Yerba, 2007. 

                Si hiciéramos entre las personas usuarias de cannabis una encuesta sobre cuál es la orientación ideológica de nuestro propio colectivo social, seguramente la mayoría diría que somos un sector progre y alternativo. Por otra parte, hace ya tiempo que desde sectores prohibicionistas se acusa a la llamada “cultura pro-cannabis” de apropiarse de valores progresistas, como el ecologismo, la interculturalidad, la lucha por la tolerancia o la justicia. Ahora bien, esa aureola de progresía real o fingida que se atribuye al colectivo fumeta, ¿es real? ¿Es el movimiento social, cultural y reivindicativo en torno a la normalización del cannabis un movimiento alternativo? ¿Pensamos o nos comportamos diferente del resto?

 

                En realidad, para responder a estas preguntas, habría que hacer un amplio estudio sociológico sobre la realidad de las personas usuarias de cannabis. Se ha hecho mucha sociología en torno al cannabis en el estado español, pero en la mayoría de los casos se estudian colectivos muy concretos (jóvenes, usuarios a largo plazo,…), se usan muestras de población muy reducidas o las preguntas se centran en cuestiones relacionadas con el consumo. Lo que nunca se ha hecho es una encuesta amplia sobre cómo vivimos y pensamos las personas que consumimos hachís o marihuana.

Así que mientras alguien se curra una encuesta así, lo único que cabe son especulaciones basadas en indicios más o menos indirectos acerca de la ideología, actitudes y estilos de vida de un sector social que, según cómo lo definamos, puede abarcar desde cientos de miles a varios millones de personas. De hecho, es extraño que ni grandes medios de comunicación, ni partidos políticos, ni fundaciones o institutos de sus alrededores hayan encargado nunca un estudio así. Al fin y al cabo, la cuestión de la normalización del cannabis, aunque en un nivel secundario, es un elemento recurrente en el debate político, las personas que lo han probado suman millones y más de un tercio de la población adulta está por su legalización. De manera que cabría esperar que los políticos y sus aliados le dedicaran un rato a estudiar quién pesca más votos entre esa gente, qué les mueve y cómo conseguir su apoyo o su simpatía.

Los abuelos porretas

Por lo que conocemos de la época, hasta los años sesenta fumar porros en España era algo vinculado con sectores más o menos marginales, en algunos casos incluso con el lumpen(1). Los legionarios aficionados a la grifa son el prototipo del fumeta de la época. Y desde luego, no se puede decir que fueran un sector progre o alternativo. De hecho, la cercanía de muchos de estos con el régimen franquista fue una de las razones que contribuyeron a que durante años el consumo se tolerara o, al menos, apenas se persiguiera.

Sin embargo, durante la década de los 60 se va acercando al cannabis un sector social totalmente distinto. Se trata de jóvenes descontentos con el régimen, muy influidos en algunos casos por el hippismo y la contracultura que se desarrollaban en el extranjero, y que convivieron en el tiempo y también en el espacio físico (al menos en algunas grandes ciudades) con el sector más marginal que les precedió, los grifotas de toda la vida. Para este nuevo sector fumeta, el hachís y la grifa tienen unas connotaciones de rechazo de la cultura dominante y enfrentamiento con el orden establecido. Desde luego, se trataba de un sector bastante más libertario, transgresor y progresista que el promedio de la población de la época. Además, fumar porros se convierte en un elemento de identidad y de cohesión en ciertos grupos y es para muchos una forma de rebelión, de cambiar la realidad.

                Transgresión si, política no

En la actualidad el consumo de cáñamo está tan extendido, sobre todo entre la población juvenil, que sería absurdo esperar que entre toda esa gente tan variada se pudiera dar algún tipo de uniformidad ideológica o cultural. Ahora bien, no podemos olvidar que se trata de una sustancia que sigue prohibida décadas después, y cuyo simple consumo se castiga con multas. De forma que la propia prohibición legal ha mantenido el carácter transgresor del consumo, y ha ayudado a que la imagen social de cosa alternativa y moderna que creció durante un tiempo alrededor del cannabis se haya mantenido más tiempo en pie.

Evidentemente, la ilegalidad y el riesgo de sanción pueden condicionar el tipo de gente que se anima a probar los petas. De forma que cabe esperar que entre ellos y ellas se encuentren jóvenes con más tendencia a rechazar o ignorar ciertas normas, y muchos estudios sobre el consumo juvenil de cannabis indican que sí hay ciertos rasgos, como una mayor tendencia a la exploración y a rebasar los límites establecidos, la búsqueda de sensaciones nuevas y placenteras, etc., que aparecen en mayor proporción entre ese grupo. Pero a estas alturas, esa actitud diferente tiene cada vez menos que ver con cuestiones ideológicas, sobre todo de tipo político. Y esto tiene que ver tanto con la despolitización de la sociedad como con los avances en la normalización del cannabis.

Asociaciones: Los últimos de Filipinas

Desde luego, si hay un colectivo cannábico en el que hay un claro sesgo ideológico, ese es el movimiento asociativo. Desde luego, esto tampoco es de extrañar. Por una parte, entre los movimientos y grupos sociales de carácter reivindicativo hispanos siempre ha habido un predominio claro de la izquierda, como no podía ser de otra manera viniendo de una larga dictadura de derechas. Por otro lado, la edad de quienes pusieron en marcha hace años el movimiento asociativo cannábico hace que muchos de ellos llevaran consigo una visión de la sustancia propia de la época en que se iniciaron en su consumo y una actitud de enfrentamiento con el sistema propia también de su generación. Y aunque en la actualidad el movimiento cannábico se ha rejuvenecido un poquito, lo cierto es que la media de edad de la exigua minoría organizada está unos cuantos años por encima del promedio de la población consumidora total. Y es muy posible que sus intereses tampoco coincidan del todo.

Las revistas: Lo alternativo como guarnición

Las publicaciones cannábicas también suelen tener una cierta escora hacia lo alternativo. Además de críticas a la prohibición de drogas, dedican bastante espacio a cuestiones como la ecología o la guerra, y suelen incluir textos muy críticos con eso que se suele llamar “el sistema”. Esto puede dar una imagen un tanto distorsionada del colectivo fumeta. En realidad, lo que más se lee suelen ser los artículos de cultivo. Los textos de carácter más político son como las patatas, y el filete son los cogollos o los trucos contra las plagas. Si hay tanto escrito de carácter crítico, se debe más a la edad y forma de pensar de los responsables y a una cierta costumbre o inercia, que a que de verdad suban las ventas. De hecho, yo mismo tengo dudas sobre cuánta gente os llegáis a leer esta humilde sección que estás leyendo. Desde luego, gente interesada por estas cosas, haberla hayla, pero aún así uno no puede evitar a veces un cierto complejo de dinosaurio.

La calle no es nuestra

Y no solo porque la Ley Corcuera nos prohíba fumar en la vía pública, sino porque tenemos muy poca capacidad de llenar las calles con nuestras demandas. Como el resto de la población, la mayoría pasa de moverse y prefiere buscarse la vida a su manera. Así que tampoco es de extrañar que entre la minoría fumeta que se toma la molestia de acudir a las escasas manifestaciones y movilizaciones populares en torno a la legalización o normalización del cannabis sea mayoría el sector progresista. Desde luego, es seguro que si miramos cuántos de los asistentes a la Marcha Mundial de la Marihuana de Madrid acuden también, por un lado, a las manis de la AVT o la Conferencia Episcopal y, por otro, a las anti-guerra o pro-derechos de gays y lesbianas, estas últimas ganarían por goleada. Pero eso no significa que esta división ideológica valga para el conjunto de los y las fumetas. Y es que hace tiempo que los actos públicos más numerosos en torno al cannabis no son las manifestaciones o fumadas populares, sino las ferias comerciales.

El negocio es el negocio

Si comparamos el número de gente que acude a las distintas acciones reivindicativas que se realizan a lo largo del año en torno al cannabis con la cantidad que visita alguna de las ferias que se celebran en Barcelona o Madrid, calculo que la proporción sería aproximadamente de uno a tres a favor de estas últimas. De manera que, al menos desde el punto de vista de la fiabilidad estadística, lo que sucede en las ferias es mejor exponente de lo que representa la cultura cannábica que lo que tiene que ver con el activismo, por mucho que este haya abierto el camino para que el nuevo fenómeno fuera posible. La vanguardia activista ha dejado paso a un colectivo más amplio y menos ideologizado, cuyos intereses están más ligados al consumo. Hemos llegado a un momento en que el movimiento cannábico por excelencia es salir a comprar.

Desde luego, después de haber asistido a varias ferias, tengo claro que el tipo de gente que viene a vender y comprar a ellas es muy distinto de la media de la población. Es más, está claro que se trata de gente bastante peculiar. La abundancia de piercings y tatuajes por metro cuadrado es altísima, hay mucha estética propia de muy diversas tribus, se ven más elementos reivindicativos en el atuendo y la media es bastante joven. Pero la primera impresión no debe engañarnos. Y no solo porque la masificación ha banalizado ciertos símbolos (el ejemplo clásico es el Che), sino porque el formato de las ferias y el comportamiento del público que asiste no está tan lejos de lo que tenemos por “normal” es estos tiempos. 

Por una parte, el planteamiento del evento es comercial casi al 100%, algo perfectamente lógico en una feria. De forma que la cosa es vender o, al menos, hacer llegar algún mensaje publicitario. Así que se reparten montones de muestras gratuitas, folletos, bolsas con grandes letreros, productos promocionales y toda el habitual merchandising-basura de cualquier feria. Se promocionan los cachivaches más curiosos, en ocasiones perfectamente prescindibles y superfluos, y en muchos casos se venden como rosquillas. O sea, que en despilfarro y consumismo, no parece que las ferias cannábicas le anden a la zaga a cualquier evento dirigido a consumidores de cualquier cosa, sea una planta ilegal o viviendas en multipropiedad. Peculiares y hasta raros, sí, pero de alternativos, poco.

¿Consumo responsable?

Otra faceta del consumo cannábico son los cientos de tiendas especializadas, por las que pasan decenas de miles de personas al año. Al comienzo de la experiencia de puesta en marcha de las tiendas, cuando pocos habían tenido la idea y había mucha inseguridad jurídica, la mayoría de profesionales provenía del entorno del activismo y, en muchos casos, ha seguido siendo así. Prueba de ello es la vinculación que aún hoy existe entre ciertas asociaciones y gente que, por tener una tienda, ha sido una especie de punto natural de encuentro de cultivadores y usuarios antes dispersos. Pero luego poner una tienda se volvió normal y hasta conozco el caso de algún ex-guardia civil que ha abierto una. Así que, aunque una parte de comerciantes sí se puede considerar concienciada y socialmente activa, en el resto hay de todo, como en botica.

En cuanto a la gente que va a comprar o echar un vistazo, también merecería la pena hacer una encuesta. No existe siquiera una estimación de cuánta gente ha entrado alguna vez en una grow, pero debe ser una cifra enorme. Y, por lo que me cuentan en las tiendas, parece que hay de todo, con una variedad a veces sorprendente en cuanto a edad, extracción social, profesión, atuendo, etc. Así que no creo que de momento se puedan sacar conclusiones más allá de que se trata de un colectivo tan dado a comprar casi cualquier cosa que se ponga a la venta como el resto de habitantes de Consumolandia.

En cuanto a lo que se vende, sigue habiendo mucho etiquetaje incorrecto y muchos productos de calidad o utilidad más que dudosas, así que en respeto a los derechos del consumidor la nota tampoco va a ser muy alta. Por lo demás, la variedad de productos a la venta es también enorme, aunque no se puede negar que la parafernalia incluye muchos elementos folklóricos de origen contestatario. Pero el folklore no es más que eso y, el consumismo cannábico, por mucho que se disfrace de Che Guevara o No a la guerra, no deja de ser eso, consumismo. Tampoco en esto somos diferentes.  

Cultivo poco ecológico

Sin duda, la mayor parte del volumen del comercio actual de productos relacionados con el cannabis, al menos desde la perspectiva de la cantidad de dinero que mueven, tiene que ver con el cultivo. Las semillas, fertilizantes, lámparas, y demás accesorios proporcionan la tecnología necesaria para sortear la ley y obtener marihuana sin tener que recurrir al mercado ilícito, generando un negocio desconocido hasta hace pocos años. Desde luego, es un gran avance que tanta gente haya sido capaz de cubrir sus necesidades evitando las limitaciones legales, pero el autocultivo, sobre todo el de interior, tiene también otros aspectos menos positivos. Uno de ellos es la desactivación indirecta del activismo: Si me busco la vida, tengo menos urgencia por cambiar la ley. De hecho, si se dedicara a pelear por la despenalización tantas horas como a plantar, regar y manicurar, hace tiempo que la maría se vendería en el súper.

El otro aspecto problemático es el medioambiental. Nos quejamos del cambio climático y luego consumimos millones de kilowatios/hora en lámparas, bombas y extractores. Generamos un volumen impresionante de residuos en forma de macetas, tubos, lana de roca usada, etc. Y encima elegimos los métodos más artificiales e insostenibles, como la hidroponía o la aeroponía. Es verdad que la responsabilidad última de esta locura es de una legislación represiva que nos condena a ocultarnos, pero no parece que entre los cultivetas predomine la conciencia ecológica. Por cierto, mi larga experiencia de excursionista me dice que la proporción de colillas de porros aumenta respecto a las de tabaco cuanto más natural, protegido y bucólico sea el paraje. Nos gusta la naturaleza para fumar, pero muchos no nos llevamos la mierda.

¿La marihuana es cosa de hombres?

Durante mucho tiempo, el consumo de cannabis ha sido mayoritariamente masculino. Esto está cambiando entre los últimos años y entre la gente más joven se van igualando las proporciones entre chicos y chicas. Pero aún así, fumar porros sigue siendo más bien cosa de hombres. Y aunque no sepamos qué pasa con el cultivo, parece que tal anda. Y eso se refleja en datos como la escasa participación de mujeres en el movimiento cannábico, algo que hemos comentado desde hace años en las asociaciones y que está cambiando, pero muy lentamente. Y también están ciertos rasgos de estética machista que difícilmente habrían sobrevivido en ambientes más femeninos e igualitarios.

Hablo de cosas como el calendario de Canna (ya legendario entre los machos cannábicos) o la sección de fotos de los lectores de la revista Soft Secrets. El calendario, por muy fina que sea su estética, no deja de recordar a los clásicos almanaques de garaje. Y lo de que las fotos con tetas lleven premio, en fin… Y no me malinterpretéis, me encanta que la gente se despelote, pero es que lo mismo se podían premiar los culos o las pollas, para que fuera igualitario. También me flipa que la gente enseñe los cogollos y los pezones pero se tape los ojos. Y luego está el detalle de que salgan chicas y las cartas las firmen casi siempre chicos, chicos que tal vez las hayan convencido para enseñar las tetas y ganar ellos unas semillas, para que luego la revista atraiga público masculino con el gancho de los topless. Ya me contaréis, pero si esto es ser alternativos…

¿No queríamos normalización?

Espero que mi repaso no haya sido demasiado demoledor. Aún podría haberlo sido más, pero me faltaba espacio, así que lo dejo para otra vez. Mi intención era desmontar la leyenda de supuesto progresismo que rodea a los porros y, de paso, provocar un poco. A mí, en realidad, me gustaría que la leyenda fuera cierta y que la extensión del consumo de cannabis fuera acompañada de una mayor conciencia social, ecológica, solidaria e igualitaria. Que fumar petas hiciera a la gente más pacifista y tolerante, y que la mayoría de quienes somos perseguidos por la falsa moral dominante diéramos la cara y reivindicáramos nuestros derechos. Pero la experiencia me ha enseñado que la gente fumeta, en general, es como la mayoría. Y la mayoría se moviliza poco, consume demasiado y se busca la vida por su cuenta antes que organizarse con sus iguales.

Desde luego, en el colectivo hay una especie de vanguardia consciente, activista y peleona que es uno de los motores del cambio. Menos mal. Y creo que la lucha por acabar con la prohibición de drogas es una importante aportación en el esfuerzo por demostrar que otro mundo mejor es posible. Pero tampoco nos hagamos falsas ilusiones. La normalización no nos hace mejores ni peores, solo normales. Llevamos tanto tiempo pidiendo la normalización del cannabis que a veces no nos damos cuenta de que, en realidad, hemos avanzado mucho y que la gente que lo consume es normal y corriente, para lo bueno y para lo malo. Ahora solo falta que las instituciones se enteren y dejen de darnos caña.

 (1): Usó, J.C. (1996) Drogas y cultura de masas (España, 1855-1995), Madrid: Taurus.


2010-10-04 09:24:39.032     Comentarios [1]     Permalink     Añadir Comentario
 

 
Cien números viajando hacia la normalidad.
2010-10-03 01:24:27.046     Comentarios [0]     Permalink     Añadir Comentario
 

            Cien números viajando hacia la normalidad.

              Publicado en el número 100 de Cáñamo, 2006.

            Hace ya unos cuantos años, cuando el movimiento antiprohibicionista y cannábico apenas existía en el estado español, no nos habríamos creído que una revista dedicada a la cultura del cannabis iba, no ya a poder venderse tranquilamente en los kioscos, sino que llegaría incluso a cumplir 100 números, acompañada para entonces de otras publicaciones del mismo pelaje. Pero claro, también nos habría costado creer que íbamos a ver tantas asociaciones, tantas tiendas dedicadas a los productos del ramo, que veríamos celebrarse tranquilamente un buen puñado de copas cannábicas, que nos reuniríamos decenas de miles de fumetas en manifestación, que se celebrarían ferias temáticas con miles de asistentes y hasta que encontraríamos unos cuantos bancos de semillas autóctonos compitiendo por habitar nuestras macetas. Por no hablar, claro está, del nivel que iba a alcanzar un día la hierba autóctona. Y aunque no creo que todas esas cosas hayan pasado gracias a Cáñamo, tengo muy claro que, sin esta revista, todos esos cambios habrían costado mucho más tiempo y esfuerzo.

            La puesta en marcha de Cáñamo nos abrió las puertas de los kioscos y librerías. De repente, nuestros escritos, condenados casi siempre a tristes panfletos de escasa difusión, llegaban a las manos de decenas de miles de personas interesadas. Nuestras campañas se conocían más allá de los incondicionales de siempre y teníamos un medio de comunicación serio, en formato atractivo, en el que foguearnos en la escritura y la agitación. He echado un vistazo a mi colección y veo que, de los 100 números publicados, en bastante más de la mitad he escrito alguna cosa. Si los juntara, darían para un libro. ¿Dónde habría podido publicarlos si no hubiera estado Cáñamo ahí? Y sobre todo, ¿cuánta gente los habría leído?

Cáñamo desempeñó un papel fundacional en lo que hoy es una rica y amplia cultura cannábica. Fruto del esfuerzo de un grupo de veteranos activistas, la revista nació con el objetivo expreso de “superar la etapa panfletaria”, y es evidente que lo consiguió. Su salida a la calle supuso la ruptura de un tabú y un paso de gigante hacia la normalidad. En cierto sentido, fue como cuando se dejaron de prohibir los desnudos en las revistas. Y de hecho, había algo de erótico en la fruición con que muchos fumetas de toda la vida miraban aquellos primeros pósteres de cogollos relucientes, salivando en abundancia como los primeros lectores de Lib o Interviú.

El nacimiento de una cultura

Hace diez años, cualquiera que quisiera iniciarse en el cultivo de cáñamo tenía que recurrir a unos pocos libros disponibles, algunos de bastante mala calidad, aparte de que casi había más leyendas urbanas sobre el tema que información contrastada. La gente se fumaba las hojas, usaba semillas infames, recolectaba a destiempo y cometía todo tipo de atrocidades durante el secado. Ahora cualquier principiante dispone de tanta información y tantos lugares a los que acudir a enterarse y comprar accesorios fiables que uno casi no sabe por donde empezar. Y en lo que respecta a los efectos de los cannabinoides, sus riesgos, sus usos terapéuticos y la historia de su consumo, el salto que se ha producido desde el desconocimiento de antaño a la robusta cultura de ahora es abismal. Y eso se ha debido en una buena parte, al nacimiento y crecimiento de Cáñamo. 

Como tantos pioneros en lo suyo, Cáñamo ha sido en parte tragada por la ola que ella misma contribuyó a generar. La tímida aparición de las primeras grow shops fue observada con la respiración contenida por mucha gente que tenía en mente proyectos similares pero no lo tenía tan claro como para ser los primeros en dar el paso al frente, dando paso a continuación a una explosión de tiendas, franquicias y distribuidoras. Con Cáñamo pasó algo parecido, con la diferencia de que durante años fue la única en los revisteros, de forma que una multitud de amigos y enemigos escrutó sus andanzas. Y así llegaron halagos, críticas y amenazas legales, en algunos casos nada veladas. Luego vendría una avalancha de materiales de todo tipo en torno al cannabis y su cultura, tantos que a veces cuesta encontrar lo que uno busca, en los que Cáñamo pasa más desapercibida que antes.

Dando alas al activismo

No quiero dejar de mencionar el importante papel que Cáñamo jugó, sobre todo en los primeros años de su andadura, en el proceso de nacimiento y extensión del movimiento por la normalización del cannabis. Cuando apareció la revista, había pocas asociaciones y apenas eran conocidas, y el movimiento se hallaba en su fase inicial. El año anterior, 1996, había nacido formalmente la Coordinadora Estatal por la Normalización del Cannabis. Tras la pionera ARSEC (Barcelona), entre el 95 y el 97 nacerían ARSECA (Málaga), AMEC (Madrid), AECA (Huelva), SECA (Zaragoza), Kalamudia (Bilbao), Legaliza (A Coruña) y AMA (Albacete). Se acababa de decidir la puesta en marcha de la campaña “Contra la prohibición, me planto”, en la que se preveía realizar plantaciones colectivas públicas para apoyar el cultivo pionero de ARSEC, entonces pendiente de sentencia por parte del Tribunal Supremo. Al final solo Kalamudia tiró adelante con su plantación, pero la revista llegó a tiempo para difundir la noticia, en septiembre de 1997, de la primera cosecha de marihuana formalmente permitida por las autoridades judiciales en muchas décadas.

Las asociaciones que iban naciendo aprovechaban las páginas de Cáñamo para darse a conocer y tratar de atraer gente a sus filas, y la revista servía para difundir todo tipo de campañas, tanto locales como estatales e internacionales. En algunos casos, como en la campaña contra la Ley de Seguridad Ciudadana, sirvió de soporte para distribuir las postales de protesta que serían enviadas luego por miles a la oficina del Defensor del Pueblo. De esta forma, la recogida de firmas y la reunión posterior con el Adjunto al Defensor para pedir el fin de la multas, las primeras copas cannábicas, las primeras manis antiprohibicionistas –en especial las de Madrid y Barcelona-, las fiestas de San Canuto, el testado de sustancias, o la histórica comparecencia ante la Comisión de Drogas del Congreso y el Senado, en la que participamos Jaime Prats, Joan Ramón Laporte y yo mismo, fueron recogidas puntualmente en las páginas de esta revista. En el plano internacional, Cáñamo asistió al nacimiento de la Coalición Internacional de ONGs por una Política de Drogas Justa y Eficaz (actualmente ENCOD), a su presencia en la Sesión Especial sobre Drogas de Nueva York, a las primeras manifestaciones europeas en Viena, al Foro Social Mundial y a toda otra serie de eventos, aparte de haber publicado un buen número de entrevistas (las “Entrevistas Activistas”) con personalidades destacadas del antiprohibicionismo de todo el mundo. De esta forma, Cáñamo fue durante mucho tiempo cronista casi oficial de los avatares de un movimiento aún un tanto precario y renqueante, que en el caso del estado español, tiene graves dificultades para remontar el vuelo.

De hecho, al movimiento asociativo y activista nos ha pasado un poco lo que a Cáñamo: Que hemos pasado en dos días y casi sin solución de continuidad, de la clandestinidad y el panfleto a la masificación y el merchandising. De forma que mucha gente ha pasado de no tener asociaciones a las que recurrir, a tenerlas cerca sin necesitarlas, o mejor dicho a creer que no las necesita, porque lo cierto es que cuando las cosas se ponen feas (léase multa, incautación y/o detención) es a ellas a las que se suele acudir a pedir sopitas. Y en esas estamos. Los prohibicionistas se alarman ante al auge del consumo y la cultura del cannabis, y tratan de justificar su fracaso inventando conspiraciones (“estrategia pro-cannabis” la llaman) en las que un malvado conglomerado de asociaciones y empresas pervierten a la juventud para hacerla caer en las garras de la droga y lucrarse con ello.

Protestar y enseñar

Ahora bien, aunque está claro que esas acusaciones tienen el fin de criminalizar el movimiento y la cultura cannábicos y justificar la represión, no faltan motivos para la preocupación. Personalmente, creo que el consumo de marihuana y hachís se ha extendido en exceso. Una cosa es la satisfacción que produce ver que uno ya no está solo y que los fumetas son gente normal de todas clases que se encuentran en cualquier sitio, y otra que nos dé igual ver chavales de doce o trece años poniéndose hasta el culo a las ocho de la mañana. Y en la cada día más necesaria labor pedagógica que debe formar parte de la construcción de nuestra cultura, Cáñamo, igual que el resto de publicaciones cannábicas, las tiendas o las asociaciones, tiene un importante papel que jugar.

            No hay forma de saber qué puede pasar en los próximos años, pero intuyo que al movimiento antiprohibicionista todavía le falta mucho camino por recorrer antes de poder sentarse a disfrutar tranquilamente de los logros obtenidos. La dictadura prohibicionista sigue vigente y los pocos cambios legales que ha habido en el estado español en los nueve años que Cáñamo lleva en la calle han sido a peor. Para colmo, el dichoso talante apenas se ha notado en lo que se refiere al cannabis y otras sustancias ilícitas. El “Informe sobre el cannabis 2004”, encargado por el ministro Acebes, y en el que se proponen toda una batería de medidas disuasorias, restrictivas y represivas para frenar la expansión del consumo, está aparcado pero no enterrado. Así que los próximos años vamos a tener que seguir dando la lata para que nos escuchen. Y en ese camino de reivindicación, información y divulgación, esperamos seguir contando con Cáñamo. ¡A por el 200!

            Quiero acabar confesando que me dio un alegrón recibir el mensaje de Gaspar Fraga en el que me pedía colaborar en este número 100. Y es que para mí, Cáñamo es como el equipo de su ciudad para un futbolista: Aunque fiches por otro, siempre hace ilusión volver a pisar su campo. Así que quiero dedicar este artículo a toda la buena gente que ha pasado por la redacción de Cáñamo en estos casi nueve años. Un abrazo a todos y todas.


2010-10-03 01:24:27.046     Comentarios [0]     Permalink     Añadir Comentario
 

 
subir ^

 

   
  ««  OCTUBRE/20  »»   
LuMaMiJuViSaDo 
   1234 
567891011 
12131415161718 
19202122232425 
262728293031 
  hoy 
   

 
Aviso Legal  |  Privacidad de Datos   Qué es bilbaoblogs.com  |  Participa
  powered by bilbaoblogs.com